Cómo tener éxito trabajando en remoto

Por el 23 agosto, 2017

Llevo tiempo queriendo compartir en un post un modelo sencillo que tengo dibujado en la sala de pensar, y es sobre los 5 desafíos que tiene un trabajador remoto… Y no veía la ocasión, hasta que por fin se activó. ¿Por qué hoy? ¡Porque hoy logré ir a Zaragoza!

No es tan lejos (vivo en Madrid), pero por distintos motivos programar esta visita a mis compañeros aragoneses me llevó muchas semanas, y la ansiaba, la necesitaba. Sé que tenemos mucho en común, que compartimos visiones y maneras de afrontar el trabajo, pero no nos vemos casi nunca para comprobarlo en el terreno… Y volviendo en el tren se me encendió la luz, y pensando en que estaba contento de haber ido recordé el modelo de los trabajadores remotos. Y ahí comencé a escribir estas líneas. Quizá porque pensando en por qué quería ir, recordé lo que les echaba de menos, y reflexioné sobre ese porqué: a veces olvido los desafíos que debemos superar cotidianamente los que trabajamos en remoto, ya sea mucho o poco.

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Hace unos meses, en una interesante conversación con Jesús Martín, un gran compañero y persona, dibujamos sobre una pizarra una especie de mapa de empatía del trabajador remoto. Discutíamos sobre qué sentimos, qué necesitamos, y qué nos ayuda a superar nuestros retos. Llevamos tiempo trabajando en soluciones para trabajadores remotos (propias y ajenas, sobre todo lo segundo J), y como con prácticamente todo hoy en día, ya perdimos la cuenta de todo lo que hemos leído, visto, escuchado y practicado. Teníamos aparentemente la solución, y era un conjunto enorme de habilidades y competencias (aunque todas podían resumirse en la competencia de “trabajar en remoto”), pero buscábamos, como muchas otras veces, la simplicidad, el modelo, una forma de unirlo todo.

Después de darle vueltas, de redefinir, de compilar, llegamos a la conclusión de que el trabajador remoto tiene 5 retos, 5 desafíos, y como ambos trabajamos en remoto más en inglés que en castellano, le pusimos nombre: “The 5 fights of remote workers”.

Aquí un breve resumen

  • “Estoy solo”: trabajar en remoto exige autonomía y responsabilidad. No tienes a alguien a tu lado mirando lo que haces, y eso conlleva a primera vista ventajas, pero poco tardas en darte cuenta de que también te deja “solo ante el peligro”: ¿cómo actúo ante esto?, ¿estaré tomando el camino correcto?, ¿debería preguntar? Para resolver cada disyuntiva se requiere seguridad o autoconfianza, criterio para planificar y priorizar, y capacidad de análisis y decisión.
  • “Estoy lejos”: y claro, a la distancia se ve menos… Esto significa que no toda la información fluye o se transmite completamente. Por tanto, estando lejos “veo” menos, y se me ve menos. El reporte se vuelve más importante en tanto permite que todos sepan qué se ha hecho, y cuánto se avanza. Influir sobre otros, obtener reconocimiento o lograr visibilidad por las contribuciones es bastante más difícil. Otras variables a tener en cuenta son las diferencias horarias y las herramientas disponibles para compartir información (hay muchas, hemos escrito de ellas en otro post).
  • “No les conozco (ni me conocen)”: una importante variable del trabajo en remoto es la cultura. Y en cada caso, el establecimiento de relaciones, ya con el trasfondo intercultural, adquiere dimensión importante. Ahora bien, si a esto le sumamos el punto anterior (la distancia), el desafío crece. ¿Cómo estableces relaciones con alguien a quien no sueles ver, con quien no te encuentras presencialmente? Recuerdo hace unos años un cliente que me decía que en un programa de liderazgo de equipos remotos les recomendaban establecer encuentros de equipo semestrales. En un escenario ideal está bien, pero en la práctica el coste es enorme… Y tú, ¿sabes crear confianza en remoto? Es posible… y no es exclusivamente una competencia digital, grandes amistades se han fraguado a distancia e incluso por carta…
  • “Este no es mi idioma”: Hemos mejorado mucho en esta asignatura, y confío en que mejoraremos más (o si no tendremos que esperar a que la tecnología lo resuelva más rápido y con menor coste). Pero no es lo mismo, salvo que seas bilingüe, si no es tu lengua materna. Siempre existe un pequeño factor oculto aquí. Bien puedo pensar que es tan difícil para mí como para los demás, pero como se suele decir, “mal de muchos…”. Tampoco es que la comunicación fluya mejor si todos sentimos la falta, aunque simpatizamos más unos con otros. Sí es cierto que cuando hay nativos y no nativos en el grupo, la diferencia se nota (y no siempre los nativos son o somos más comprensivos con los no nativos, creo que cabe un auto-análisis en este aspecto). Esta semana alguien decía “debería haber una lengua universal”… ya se intentó con el esperanto, que según la Wikipedia tenía 2 millones de hablantes a finales del siglo XX. Mientras tanto, seguirá siendo la “oficial”, la “corporativa” o la de la “mayoría”.
  • “La tecnología es mi nuevo mejor amigo”: Una manera de decir que yo no te relacionas con personas directamente, sino que lo haces a través de interfaces. ¿Es esto realmente una dificultad o es así la nueva realidad? La verdadera diferencia para un trabajador remoto es que la interfaz es la única opción (el resto tiene la posibilidad de un cara a cara). Quizá esta “pelea” es cada vez menos una pelea y más una simple transición al mundo digital. Pero para los no nativos digitales, sigue siendo un elemento a considerar. Piensa en cuanto tiempo pasas al día mirando una pantalla y cuánto tiempo mirando caras… ahora piensa, sabiendo eso, cómo te hace sentir. Salvo que te parezca natural, seguro que algún camino queda por recorrer, pasando por las estaciones “dominar la tecnología” y “sentirse a gusto” con ella.

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¿Ves algo que no hayamos considerado? ¿Con qué desafíos te encuentras tú?

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